sábado, 1 de diciembre de 2018

El país desarrollado más peligroso para dar a luz

Las mujeres de minorías en los Estados Unidos
afrontan 50% más probabilidades de tener
nacimientos prematuros.
Andrés Hernández Alende

¿Cuál es el país desarrollado más peligroso para dar a luz? Acertó: los Estados Unidos.
Según un informe de March of Dimes, la organización sin fines de lucro que lucha por la salud de las madres y los bebés, más de 700 mujeres mueren cada año en los Estados Unidos por causas relacionadas con el embarazo, y unas 50.000 mujeres gestantes sufren complicaciones que amenazan sus vidas.
Las mujeres de minorías corren un riesgo mayor de sufrir complicaciones, y las mujeres afroamericanas tienen tres veces más probabilidades que las blancas no hispanas de morir por causas relacionadas con el embarazo.
March of Dimes también calificó a 1.085 condados en los Estados Unidos como desiertos de atención de la maternidad, ya que en esos condados no hay hospitales con obstetras, ginecólogos ni personal adecuado para atender a las embarazadas.
Más de 5 millones de mujeres en los Estados Unidos viven en esos desiertos de atención a la maternidad, aunque en esos condados nacen anualmente casi 150.000 bebés. Y más de 10 millones de mujeres viven en condados con acceso limitado a cuidados maternales, y con un alto porcentaje de mujeres sin seguro médico.
Al mismo tiempo, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS), el índice de nacimientos prematuros en los Estados Unidos aumentó a 9,93 por ciento en 2017 frente a 9,85 por ciento en 2016.
La desigualdad socioeconómica y un acceso ineficiente o inexistente a una atención médica de calidad son responsables de la elevada tasa de nacimientos prematuros, que son la principal causa de muerte en el primer año de vida en los Estados Unidos. Las mujeres de minorías tienen alrededor de un 50 por ciento más probabilidades de tener nacimientos prematuros que las mujeres blancas no hispanas, y sus hijos afrontan una tasa de muerte infantil 130 por ciento mayor.
March of Dimes lanzó el pasado 10 de octubre una campaña llamada #BlanketChange, para crear conciencia sobre la elevada tasa de mortalidad materna y los nacimientos prematuros. El 10 de octubre, en el marco de la campaña, se desplegaron 700 mantas en la Explanada Nacional en Washington. Cada manta representa a las 700 mujeres que mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo.
“La muerte de una sola madre es ya una tragedia. La muerte de setecientas es una crisis de salud pública”, dijo Stacey D. Stewart, presidenta de March of Dimes.
Un sistema de atención médica que ha convertido la salud pública en un negocio muy lucrativo no puede resolver crisis como la de la maternidad en los Estados Unidos. Solamente un sistema de cuidado de la salud universal –costeado por los impuestos y que deje de estar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro– puede solucionar la crisis y conseguir que los Estados Unidos dejen de ser el país más peligroso para dar a luz.
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jueves, 29 de noviembre de 2018

Represión en la frontera

Shutterstock
Integrantes de la caravana de migrantes de
Centroamérica suben a un camión en el
estado mexicano de Oaxaca.
El rechazo violento de la caravana de migrantes es una vergüenza para los Estados Unidos.

Andrés Hernández Alende

El presidente Donald Trump lo había advertido. Los agentes y los militares apostados en la frontera con México cerraron el paso a los integrantes de la caravana de migrantes centroamericanos que el domingo 25 de noviembre trataron de entrar en suelo estadounidense desde la ciudad mexicana de Tijuana. Y los agentes lo hicieron con violencia, lanzando gases lacrimógenos y disparando balas de goma contra los migrantes, hombres, mujeres y niños.
“Tratamos a estas personas —estos refugiados económicos— como si fueran zombis de The Walking Dead”, dijo indignado el periodista Geraldo Rivera en Fox News, la estación favorita de la derecha norteamericana y de su máximo líder, Trump.
Desde que la caravana, integrada principalmente por inmigrantes de Honduras y El Salvador, comenzó su marcha hacia el norte, Trump ha estado alertando contra una “invasión” del territorio nacional y ha presionado al gobierno de México para que detenga la riada humana. Fiel a la retórica racista que ha usado desde su campaña a la presidencia, el presidente norteamericano sigue calificando de criminales a los fugitivos del desastre económico y social en países del sur. Y envió a miles de soldados a reforzar a la Guardia Fronteriza y no dejar entrar a ningún inmigrante.
Trump viola el derecho a la petición de asilo, un derecho que los gobiernos norteamericanos han respetado. Ha militarizado la frontera con México y la respuesta violenta al intento de los migrantes de cruzar la valla es un atropello y una vergüenza.
Como dijo Rivera refiriéndose a los inmigrantes: “Estas son personas desesperadas. Han caminado 2.000 millas. ¿Por qué? ¿Porque quieren violar a tu hija o robarte tu almuerzo? No. ¡Porque quieren un trabajo!”
La caravana de los migrantes es una evidencia del fracaso de la imposición de políticas económicas neoliberales en Centroamérica. Y una prueba del deterioro de las instituciones gubernamentales bajo el asedio de las pandillas, las temidas y poderosas maras que en Honduras constituyen un gobierno paralelo que somete a la población bajo un reino de terror.
Los migrantes huyen de la amenaza mortal de los pandilleros y de la desesperanza económica. Saben que en los Estados Unidos hay millones de empleos por llenar que esperan por ellos en la agricultura, en la construcción, en el sector gastronómico. No vienen a vivir de la ayuda federal, como afirma Trump y como creen muchos de sus despistados seguidores; los indocumentados no reciben ninguna ayuda del gobierno. Tampoco vienen a delinquir; de hecho, entre la población inmigrante la tasa de delitos es menor que en la población general. Pero el inquilino de la Casa Blanca y sus cohortes operan en una realidad alternativa, diseñada a la medida de sus intereses, sus prejuicios y sus fanatismos.
La caravana de los migrantes es un episodio de una crisis en países centroamericanos a la que hay que buscar una solución humanitaria. Los fugitivos de la violencia en el istmo deben recibir ayuda y amparo, no el rechazo militar violento ordenado por Trump, que afea la imagen de los Estados Unidos y va en contra de las mejores tradiciones norteamericanas, de la propia esencia de esta nación de inmigrantes.
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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Elecciones 2018: ¿qué pasó con la ola azul?

La socialista democrática Alexandria
Ocasio-Cortez ganó un escaño en el
Congreso por Nueva York.
Andrés Hernández Alende

En las elecciones de medio término del 6 de noviembre, la barrida demócrata que muchos deseaban no ocurrió, aunque el partido sí tuvo algunos logros.
En el Capitolio de Washington:
El Senado sigue en manos republicanas, incluso con algunos escaños más. Mitch McConnell, el líder de la mayoría, se siente en la gloria. Ted Cruz, el reaccionario senador republicano por Texas, le ganó a Beto O’Rourke, demócrata y defensor de los inmigrantes.
La Cámara de Representantes pasó al control demócrata, con victorias decisivas en varios estados. Entre ellos la Florida, donde la demócrata Debbie Mucarsel-Powell derrotó al republicano Carlos Curbelo en el Distrito 26, y Donna Shalala, secretaria de Salud en el gobierno del presidente Bill Clinton y ex presidenta de la Universidad de Miami, venció a la periodista de televisión María Elvira Salazar en el Distrito 27.
De los tres republicanos de Miami en la Cámara, solo queda uno, Mario Díaz-Balart. Miami se acerca más al modelo político de las grandes ciudades norteamericanas. En realidad, como demuestran las votaciones desde hace años, Miami-Dade es demócrata. Lo que pasa es que sus republicanos hacen mucha bulla.
Mujeres triunfadoras:
Victoria rotunda de Alexandria Ocasio-Cortez, socialista hispana del distrito neoyorquino del Bronx, que con 29 años de edad es la congresista más joven. Alexandria es la voz liberal de los jóvenes urbanos, que desean cambiar muchas cosas del imperante sistema pro negocios que descuida a los trabajadores.
Por primera vez habrá dos mujeres musulmanas en la Cámara: Ilhan Omar (Minnesota) y Rashida Tlaib (Michigan), ambas demócratas y progresistas. Ilhan nació en Somalia, y Rashida nació en Detroit de padres palestinos. Un triunfo para la diversidad.
La batalla por la Florida:
El demócrata Andrew Gillum reconoció su derrota frente al republicano Ron DeSantis en la contienda por la gobernación de la Florida.
Andrew Gillum perdió el voto
por la gobernación de Florida.
Gillum, que es alcalde de Tallahassee, proponía:
  • ·         Atención médica universal para todos los floridanos
  • ·         Elevar los impuestos a las empresas para dar más fondos a la educación pública, subir el salario inicial de los maestros a $50.000 y aumentar el salario mínimo a $15 la hora, en un estado donde, según indicó, casi la mitad de las familias tienen problemas para llegar a fin de mes.
  • ·         Un mayor control de las armas de fuego, incluyendo prohibir los fusiles de guerra.

DeSantis, ex congresista federal, promete:
  • ·         Rebajar los impuestos a los negocios
  • ·         Destinar más fondos públicos a las escuelas privadas y chárter, lo cual reduce la asignación para las escuelas públicas
  • ·         Mantener la venta indiscriminada de armas de fuego. Quiere que los maestros vayan armados a las escuelas, y que los floridanos puedan exhibir su artillería en lugares públicos.

Una victoria de Gillum, que es afroamericano, habría sido una reivindicación en un estado con una penosa historia de esclavitud y racismo. Lamentablemente, ganó el que llevó a cabo una campaña llena de mentiras, como que Gillum convertiría a la Florida en una Venezuela (Gillum no es socialista), y con tintes racistas. DeSantis empleó la palabra “mono” al referirse a la victoria de Gillum en las primarias demócratas. Si lo quiere más racista, tendrá que mandarlo a hacer.
¿Y la ola azul?
No ocurrió. La arrasadora victoria demócrata que muchos vaticinaban no se produjo.
Entre otras razones, porque:

  •          Los políticos republicanos son más eficaces a la hora de hacer que su gente vote
  •          Las campañas republicanas son más agresivas
  •          Muchos votantes todavía confunden la preocupación social con el comunismo estalinista, y los políticos republicanos no se esfuerzan en sacarlos del error
  •          Muchos votantes creen en mitos, como que la medicina pública es un fracaso o que las escuelas privadas son mejores que las públicas
  •          El racismo sigue siendo una plaga en la nación
  •          El presidente Trump y los políticos que lo siguen tuvieron éxito al presentar falsamente la inmigración de América Latina como una invasión sumamente peligrosa. Sobre todo ahora, con una caravana de miles de inmigrantes de Centroamérica acercándose a la frontera.
La unidad nacional:
Por el suelo. El país sigue polarizado, dividido en dos bandos. No hay términos medios.
¿Cómo queda Trump?
Si las elecciones de medio término profetizan el resultado de la elección presidencial, el presidente Trump podría alzarse de nuevo con el triunfo en 2020. Eso sí: la Cámara de Representantes ahora tiene mayoría demócrata, y eso podría traer, entre otras cosas, que se redoblen las investigaciones sobre negocios personales del mandatario y sus vínculos con la injerencia rusa en las elecciones. Además, ahora encontrará una mayor oposición en el Capitolio. Puede ganar la reelección, pero también puede perderla. ¡Ojo avizor!
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jueves, 1 de noviembre de 2018

Insultos y ataques racistas en la batalla por la Florida

El demócrata Andrew Gillum,
alcalde de Tallahassee, aspira a
ser gobernador de la Florida.
Andrés Hernández Alende

El presidente Donald Trump afirmó el lunes que Andrew Gillum, el alcalde de Tallahassee y candidato demócrata al puesto de gobernador de la Florida, es un ladrón. Lo dijo en su medio de comunicación favorito, la red social Twitter. Y agregó que Gillum dirige una de las ciudades más corruptas del país.
El insulto gratuito del presidente equivale a una difamación. La libertad de expresión no conlleva ningún derecho a tratar de enlodar la reputación de una persona. Ese tipo de afirmación exige pruebas, y Trump no las tiene, sencillamente porque Gillum no es un ladrón. Si el presidente se refiere a ciertos gastos de viajes que Gillum ha explicado, debe recordar que al adversario de Gillum en la contienda por el cargo de gobernador, el ex congresista republicano Ron DeSantis, también se le han pedido más detalles de sus gastos de viajes. Trump debería ser más cuidadoso con sus palabras.
Tampoco se sabe de dónde el mandatario saca que Tallahassee es una de las ciudades más corruptas de la nación. En todo caso, más que en el noroeste del estado, debería fijarse en el Sur de la Florida, donde Miami-Dade ostenta el bochornoso título de capital nacional de diversos tipos de fraude (al Medicare, hipotecario, de seguros). Y donde la compra de propiedades residenciales de lujo al contado –casi siempre por extranjeros– es más elevada incluso que en Manhattan, lo cual ha dado lugar a una investigación del FBI.
Trump no es el único que ha insultado a Gillum. Cuando el alcalde de Tallahassee, que es afroamericano, ganó la primaria demócrata el pasado 28 de agosto, su contrincante republicano, Ron DeSantis, que es de la raza blanca, hizo un comentario racista al decir que lo último que necesitaba la Florida era “monkey this up” adoptando una agenda socialista con enormes aumentos de impuestos y llevando al estado a la bancarrota. “Monkey this up” es una extraña frase que según algunos, quiere decir algo así como “echar a perder las cosas”. Pero el uso de la palabra monkey (mono en inglés) no deja lugar a dudas de la intención racista del candidato republicano.
Muchos republicanos se han apresurado a negar en los foros de Internet que las palabras tuvieran un sentido de racismo. ¿Pero por qué DeSantis no usó una de las tantas expresiones comunes en inglés para referirse a un desastre en las que no aparece la palabra “mono”? La respuesta es obvia: DeSantis estaba enviando un mensaje a los racistas que van a votar por él y que detestarían que un afroamericano sea gobernador de la Florida. En efecto, inmediatamente después de su desafortunado comentario, proliferaron los mensajes racistas en los foros de Internet y hasta se difundió un robocall, una llamada telefónica grabada, en la cual el autor de la llamada, fingiendo ser Gillum, hablaba como una persona con un bajo nivel de educación. Gillum es graduado universitario.
Los racistas podrán seguir con sus insultos, pero una victoria de Gillum en la contienda por el cargo de gobernador es lo mejor que puede pasarle a la Florida. DeSantis, fiel seguidor del presidente Trump, apoya los beneficios fiscales para los ricos, respalda más opciones en la educación (léase regalar fondos del estado a las escuelas privadas y chárter a costa de las escuelas públicas) y se opone a un control más estricto de las armas de fuego. DeSantis está a favor de permitir armas en las universidades, de que los maestros vayan armados a las escuelas y de que los floridanos puedan exhibir sus armas en lugares públicos, aun sin tener una licencia para portar armas. Gillum quiere atención médica para todos los floridanos, elevar los impuestos a las empresas para dar más fondos a la educación pública, subir el salario inicial de los maestros a $50.000 y aumentar el salario mínimo a $15 la hora, en un estado donde, según indicó, casi la mitad de las familias tienen problemas para llegar a fin de mes. El candidato demócrata aboga por un mayor control de las armas, incluida una prohibición de la venta al público de fusiles de guerra, los mismos que se han usado en matanzas que han estremecido a la nación.
Si DeSantis saliera electo, el estado retrocedería a la Edad de Piedra en el terreno de las conquistas sociales, los derechos de los trabajadores y la seguridad ciudadana. Una victoria de Gillum mejoraría las condiciones de trabajo para los empleados, fortalecería la educación pública y controlaría la malsana proliferación de las armas. En el sufragio del próximo 6 de noviembre, la elección debe ser obvia.
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sábado, 13 de octubre de 2018

Doce años para salvar al mundo

La nación insular de Kiribati, en el océano
Pacífico, podría quedar bajo las aguas.
Andrés Hernández Alende

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas emitió el 8 de octubre un informe alarmante: la temperatura del planeta llegará en 2030 al pronosticado y temido umbral de 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.
Alcanzar ese nivel de calentamiento causaría un colapso climático, con huracanes más frecuentes y poderosos, inundaciones, subida del nivel del mar, sequías muy intensas, incendios forestales y escasez de alimentos para cientos de millones de personas.
Un país insular, Kiribati, compuesto por 33 islas en el océano Pacífico, quedará bajo las aguas en las próximas décadas. Kiribati será la nueva Atlántida. Los más de 100.000 habitantes del archipiélago saben que en el futuro cercano deberán emigrar, mientras el mar engulle su nación. El gobierno tiene un plan de emigración masiva.
En el archipiélago de las islas Salomón, también en el Pacífico, cinco islas han desaparecido bajo las olas, y en otras, parte de la población ha tenido que trasladarse a zonas más altas, mientras el territorio sigue asediado por el mar creciente.
Los expertos han señalado que para 2050, mil millones de personas –la séptima parte de la población mundial– deberán abandonar sus hogares y desplazarse a otras tierras debido a los trastornos causados por el cambio climático. A la luz del nuevo informe del panel de la ONU, ¿se adelantará ese éxodo?
Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, gran parte de las cuales se alza cerca del mar. Muchas ciudades costeras –Nueva York, Shanghái, Río de Janeiro, Londres, las ciudades de la Costa del Sol en España, entre otras urbes– están directamente amenazadas por la subida del nivel del mar.
En Miami, donde escribo este artículo, las inundaciones causadas por la marea alta han aumentado en frecuencia y en volumen en las dos décadas pasadas, convirtiendo calles de lugares turísticos como Miami Beach en ríos. El suministro de agua potable en toda el área urbana también está en peligro si el mar, al subir de nivel, invade el acuífero de Biscayne.
Si la temperatura planetaria aumenta tres grados, una tercera parte de la Florida podría quedar inundada. En un giro irónico, la zona de la Florida amenazada por las aguas abarca a West Palm Beach, donde el presidente Donald Trump –un escéptico del cambio climático– tiene su residencia de Mar-a-Lago.
Los gobiernos deben hacer “cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”, dice el informe del panel de la ONU, para evitar una catástrofe provocada por el calentamiento global.
Se ha calculado que para 2030, las emisiones de dióxido de carbono –uno de los mayores responsables del calentamiento global– tendrían que bajar a un 45% del nivel de 2010 y llegar a cero en 2050 para que el calentamiento no rebase los 1,5 grados centígrados. Aun con ese control en el aumento de la temperatura, habrá daños irreversibles, pero manejables y menos catastróficos.
Los Estados Unidos es el mayor contaminante del planeta junto con China. Pero el gobierno chino ya ha implementado medidas para contener la polución, mientras los Estados Unidos se retiraron del Protocolo de Kioto en 2001 –con lo cual liquidaron ese convenio– y después abandonaron el Acuerdo de París, bajo el gobierno de Trump.
Trump, que gobierna para las grandes empresas y para la clase acaudalada a la que pertenece, ha dicho que el cambio climático es un invento de los chinos para rebajar la capacidad de competencia de la economía norteamericana. No solo se apresuró a sacar a la nación del Acuerdo de París, sino que ha dado marcha atrás irresponsablemente a las medidas tomadas por el presidente Barack Obama para combatir el cambio del clima, como la reducción de las emisiones de los vehículos. El 97 por ciento de los científicos del mundo asegura que el fenómeno climático se debe a la acción de los seres humanos, pero Trump se encoge de hombros y aboga por la revitalización de la industria del carbón, uno de los peores contaminantes. Trump y los fanáticos del mercado que lo aplauden se burlan del consenso científico, en una actitud irresponsable que pone en peligro a la humanidad.
El informe del panel de la ONU indica que es técnicamente posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel tolerable, pero para lograrlo se requieren grandes cambios en la producción y el uso de la energía, en la industria, en el transporte, en el diseño de las ciudades y en la manera en que la gente vive y consume. ¿Seremos capaces de aceptar e implementar los cambios, de modificar nuestro modo de vida? ¿Serán los gobiernos capaces de ignorar la presión de las grandes empresas contaminantes, tomar las medidas necesarias y poner en práctica planes y regulaciones imprescindibles? De la respuesta a esas preguntas depende que logremos salvar al planeta. Solo tenemos doce años para conseguirlo.
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lunes, 8 de octubre de 2018

La precipitada confirmación del juez Kavanaugh

El juez Brett Kavanaugh se defendió con ira
de las acusaciones de agresión sexual.

Andrés Hernández Alende

Con la entrada de Kavanaugh –confirmado en el Senado en una reñida votación de 50 a 48–, el alto tribunal queda escorado hacia las posiciones de derecha.

Indignación es la palabra que usa la escritora Diana Pardo en Twitter para describir el estado de ánimo de muchas mujeres (y de no pocos hombres) tras la confirmación del juez Brett Kavanaugh como juez del Tribunal Supremo.
Como dijo el diario español La Vanguardia, no hubo “sorpresas de última hora”: el 6 de octubre, el Senado votó a favor de Kavanaugh, el nominado por el presidente Donald Trump, para ocupar la vacante en la alta corte que dejó la jubilación este verano del magistrado Anthony Kennedy.
Cierto: la votación fue muy reñida: 50 votos a favor y 48 en contra. Pero suficiente para nombrar al más alto tribunal de la nación a un hombre acusado de abuso sexual por tres mujeres, que es al mismo tiempo un conservador de ideas reaccionarias, a la medida de su padrino Trump.
Los republicanos estaban empeñados en confirmar a Kavanaugh para inclinar la balanza de la Corte Suprema hacia la derecha. El voto de Kavanaugh será decisivo en el debate sobre la ley Roe vs. Wade, que dio a las mujeres el derecho al aborto. Kavanaugh está fuertemente vinculado a la derecha y a las posiciones de su patrocinador, Trump. Y aunque es católico, y por lo tanto debe seguir el mandamiento bíblico de “no matarás”, es un firme defensor del supuesto derecho otorgado por la Segunda Enmienda a la tenencia individual de armas. En cuántas paradojas se debate el alma nacional.
Todo estaba previsto, pero inesperadamente, la confirmación de Kavanaugh sufrió un duro revés cuando la profesora de Psicología Christine Blasey Ford declaró ante el Senado que el nominado había tratado de violarla en una fiesta de estudiantes en 1982. Otras dos mujeres también acusaron a Kavanaugh de agresión sexual: Deborah Ramírez y Julie Swetnick. Esta última aseguró que Kavanaugh había estado presente en violaciones de muchachas por grupos de varones, de violaciones en pandilla.
La rápida investigación que el FBI llevó a cabo sobre las denuncias fue un trámite formal para salir del paso, una burla al público norteamericano en general y a las mujeres víctimas de la prepotencia masculina en particular. Una burla, sobre todo en una época en que muchas mujeres se han unido al movimiento #MeToo para sacar a la luz agresiones y chantajes sexuales y evitar que vuelvan a suceder. Las acusaciones de Ford, Ramírez y Swetnick merecían una pesquisa seria y exhaustiva. Lamentablemente, no fue así.
Ford dijo ante el Senado que recordaba perfectamente los hechos, que estaba 100 por ciento segura de que Kavanaugh la había agredido sexualmente, junto con otro individuo. Dijo que su recuerdo más vívido del ultraje era “las carcajadas de los dos divirtiéndose a costa mía”. Aunque expresó que estaba aterrada (de hecho, recibió amenazas de muerte), manifestó ante el Senado: “Estoy aquí porque creo que es mi deber ciudadano relatarles lo que ocurrió”.
El resultado de la prueba con el detector de mentiras a que Ford se sometió indicó que no mintió al denunciar el episodio de agresión sexual a manos de Kavanaugh. Entonces, ¿por qué la prisa de los republicanos por confirmar al nominado de Trump? ¿Por qué hubo tanta precipitación en la investigación (hay que llamarla de alguna manera) del FBI y la juramentación de Kavanaugh para que entrara en funciones enseguida? Simplemente, porque deseaban implantar en el Tribunal Supremo la hegemonía del pensamiento de derecha. Una hegemonía que ahora se mantendrá por muchos años.
Los republicanos del Senado debieron por lo menos haber aplazado la confirmación hasta que se determinara con más claridad si Kavanaugh era culpable o no, como pidieron los demócratas. Era lo menos que le debían a una mujer que, según todo indica, dijo la verdad. Pero en su afán por convertir al Tribunal Supremo en asiento de ideas reaccionarias, se apresuraron a confirmar al juez acusado. Y lo lograron. “¡Muy emocionante!”, fue el veredicto del complacido presidente Trump en Twitter, mientras la nación daba otro vergonzoso y nocivo paso atrás en la batalla por la igualdad y la justicia.
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martes, 2 de octubre de 2018

Au revoir, Monsieur Aznavour

Charles Aznavour
Andrés Hernández Alende

Charles Aznavour, embajador de la canción francesa, que conmovió a generaciones de oyentes con sus canciones románticas en las que narraba historias de idilios, alegrías y tragedias de la vida cotidiana, dejó este mundo el pasado 1 de octubre.
Nacido en París de padres armenios, Shahnourh Varinag Aznavourián Baghdassarian (el nombre con que fue inscrito en el registro civil al nacer) conoció la fama a una edad relativamente tardía –36 años– pero a partir de ese momento se convirtió en uno de los cantantes franceses más populares y en uno de los intérpretes con una de las carreras más largas en la historia de la música.
Vendió 200 millones de discos, y se mantuvo activo en su labor artística hasta el momento de su muerte, a los 94 años. Su último concierto fue en la ciudad japonesa de Osaka, el 19 de septiembre. En 2014, al cumplir 90 años, realizó una gira de conciertos por varios países. El 24 de agosto de 2017, fue distinguido con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
El intérprete de Venecia sin ti, Bon anniversaire y La bohemia también hizo carrera en el cine, con éxitos como Tirez sur le pianiste (Disparen al pianista), de François Truffaut, en 1960; Taxi para Tobruk, de 1961; El tambor de hojalata, de 1979, y La montaña mágica, de 1982, entre otros filmes.
El legendario Aznavour cantó a la vida y a la muerte en varios idiomas: francés, inglés, español, italiano, ruso, y su voz se escuchó en los escenarios más grandiosos del mundo. Su arte cruzó todas las fronteras, inspiró a personas de todas las edades a lo largo de más de medio siglo, y dejó en la historia de la música de Francia la huella indeleble de un ídolo de la canción romántica, la leyenda de un chanteur extraordinaire. Hoy, tras su partida, no solo Venecia está triste, sino el mundo entero.
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