jueves, 20 de septiembre de 2018

El Grinch que les robó la fiesta a los conservadores

Shutterstock
El actor canadiense Jim Carrey exhortó a los
demócratas a 'decir sí al socialismo'.
Andrés Hernández Alende

Fiel a su papel del rebelde Grinch, el célebre actor canadiense Jim Carrey causó recientemente un revuelo al abogar por el socialismo en un show de televisión.
El pasado viernes 7 de septiembre, Carrey participó como invitado en el programa Real Time de HBO, con Bill Maher, donde exhortó a los demócratas a “decir sí al socialismo” y “dejar de pedir disculpas”.
“Me crié en Canadá –dijo–, donde tenemos medicina socializada. Y estoy aquí para decirles que la mentira que escuchan en todos los programas políticos es que es un fracaso, que el sistema es un fracaso en Canadá. No es un fracaso en Canadá. Nunca tuve que esperar por nada en mi vida. Escogí a mis médicos. Mi madre nunca pagó por una receta. Era fantástico”.
La reacción de los promotores del capitalismo no se hizo esperar. Comentaristas de medios de derecha como Fox News la emprendieron contra Carrey y el socialismo, enarbolando el ejemplo manido de Venezuela y su crisis económica. La columnista conservadora Michelle Malkin dijo que Carrey debería irse a vivir a Caracas. El actor Kevin Sorbo, que hace años interpretó a Hércules en la pantalla chica, arremetió contra su colega canadiense en Facebook, diciendo que “el socialismo no creó a Hollywood. Fue el capitalismo. Carrey podrá ser canadiense, pero ¿dónde buscó el éxito? Ah, en los Estados Unidos”. Y luego agregó: “Por cada estadounidense que se muda a Canadá, 20 canadienses se mudan a los Estados Unidos. ¿Por qué será?”
Este Hércules puede haber matado al león de Nemea y al toro de Creta, pero en el campo de las estadísticas no ganaría la batalla. La población canadiense en los Estados Unidos no supera 20 veces a la población estadounidense en Canadá, sino tres veces.
Muchos canadienses cruzan la frontera al conseguir un trabajo en la dinámica economía de su gigantesco vecino del sur. Pero ese enorme motor económico no funciona bien para todos los estadounidenses. Alrededor del 40 por ciento de los norteamericanos tiene problemas para llegar a fin de mes, aunque el presidente Donald Trump afirma que la economía está en auge. Y unos 42 millones, entre ellos 13 millones de niños, sufren inseguridad alimentaria, es decir, que no siempre saben si podrán comer cuando tengan hambre.
Trump afirmó que su gobierno estaría comprometido con los hombres y mujeres olvidados del país, pero su política económica se ha concentrado en enriquecer aún más a las grandes empresas y a los acaudalados. La reacción de la oposición ante el gobierno para los ricos que dirige Trump ha sido un giro a la izquierda. En el Partido Demócrata, políticos tradicionales de centro se ven desplazados por nuevas figuras que demuestran una marcada preocupación social, como Alexandria Ocasio-Cortez en Nueva York y Andrew Gillum, alcalde de Tallahassee, en la Florida.
El triunfo vertiginoso de estos políticos de nuevo corte frente a rivales del establishment no es casual. Muchos norteamericanos ya no creen en los cantos de sirena de los propagandistas conservadores y quieren cambios. Sobre todo los jóvenes, que no están contaminados con la pasada retórica de la Guerra Fría y desean un remedio radical a problemas graves como la costosa atención médica y el impagable precio de las matrículas universitarias. Las elecciones de este noviembre indicarán el rumbo que quiere tomar la sociedad norteamericana.
Entretanto, viendo su hegemonía en peligro, la derecha la emprende contra los partidarios del cambio. Mike Huckabee, ex gobernador republicano de Arkansas, dijo que suponía que Carrey, al abogar por el socialismo, estaba interpretando a Dumb y a Dumber, en alusión a una famosa película protagonizada por el actor canadiense. Pero al dar voz a las inquietudes y los deseos de muchos norteamericanos, Carrey no es en realidad Tonto y Más Tonto, sino un Grinch que podría robarles la fiesta a los conservadores.
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sábado, 15 de septiembre de 2018

¡Corra para ver las sombrillas en el cielo de Coral Gables!

El autor con su esposa y su hija
bajo las sombrillas en la avenida
Giralda de Coral Gables.

Andrés Hernández Alende

No pude resistir la tentación y cuando me enteré de que la instalación de sombrillas de colores en la avenida Giralda de la ciudad de Coral Gables van a quitarla este lunes 17 de septiembre, salí a toda velocidad con mi familia para verlas.
No quería ser el único miamense que no se ha tomado una foto bajo las sombrillas azules, rosadas, amarillas que han estado cubriendo el bello paseo peatonal de ambiente europeo en la avenida Giralda.
La instalación, llamada Umbrella Sky Project, es una creación de la agencia portuguesa Sextafeira Producoes, que la ha montado en ciudades de Francia y de Portugal, y en los Estados Unidos en Pittsburgh y, desde el 13 de julio, en Coral Gables.
El bello espectáculo de las sombrillas de colores meciéndose en el aire, suspendidas de alambres prácticamente invisibles, sobre el paseo peatonal de Giralda, termina este lunes. ¡Corra este domingo para ver las sombrillas!
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domingo, 12 de agosto de 2018

Las cadenas de la inmigración

La política de inmigración del
presidente Trump contradice el
mensaje solidario de la Estatua
de la Libertad.
Andrés Hernández Alende

Los padres de Melania Trump, la esposa del presidente, nacida en Eslovenia, adquirieron la ciudadanía estadounidense hace unos días.
Al parecer, el trámite es el mismo que han hecho numerosas familias en la historia de la inmigración a los Estados Unidos: Melania adquirió la residencia permanente, después la ciudadanía, y reclamó a sus padres.
Es un caso humano –y habitual– de reunificación familiar. Pero la reunificación familiar es precisamente el tipo de inmigración que el presidente Trump ha criticado duramente y quiere suprimir. Trump la llama “migración en cadena” (chain migration) y ha dicho que se debe restringir la entrada de familiares de ciudadanos norteamericanos y sustituirla por la admisión de inmigrantes que puedan dar un aporte sustancial a la sociedad, como profesionales e inversionistas. A este último tipo de inmigración Trump la llama “inmigración basada en el mérito”.
La historia de la inmigración en este país es en gran medida una saga de personas que vinieron huyendo de guerras y de crisis, o en busca de las oportunidades que en su tierra no tenían, se asentaron y muchos trajeron a sus familiares. Trump quiere detener ese ciclo que forma parte de la historia nacional, complaciendo a un sector de sus seguidores que es profundamente nacionalista y racista. Trump, como sus partidarios, quiere levantar un muro en la frontera con México y negar la entrada a los inmigrantes hispanos que vienen en busca de trabajo, acusándolos falsamente de criminales.
Trump está usando la inmigración como una cortina de humo para ocultar males de la nación que sí requieren una acción urgente del gobierno: el alto y creciente costo de la atención médica y de la educación universitaria; la precariedad laboral; la insuficiencia de los salarios de muchos norteamericanos para cubrir el costo de la vida; la desigualdad social en aumento y la concentración de la riqueza en pocas manos; el consumo de drogas, que convierte a los Estados Unidos en el mayor mercado de narcóticos del mundo; las matanzas con armas de fuego que ocurren con una frecuencia espantosa e inadmisible. Esos son los males que Trump, como presidente, debería estar combatiendo. Pero no lo hace, porque la solución real de esos problemas iría en contra de su ideología y de la ideología del Partido Republicano al que pertenece, siempre decidido a favorecer a los ricos a expensas del resto de la sociedad. Ni el partido ni el mandatario están dispuestos, por ejemplo, a lograr que la educación superior y la atención médica sean gratuitas, pagadas por los impuestos, un objetivo que muchos norteamericanos desean pero que la clase dirigente les niega constantemente.
Tampoco están dispuestos a reducir las matanzas indiscriminadas de la única manera efectiva: controlando la venta y la posesión de las armas de fuego, derogando una Segunda Enmienda constitucional obsoleta y mal interpretada, y cerrando las puertas del Congreso a la influencia de la Asociación Nacional del Rifle, la división de propaganda de los vendedores de armas.
En vez de tomar las medidas que la situación actual en Norteamérica exige, el presidente y sus seguidores han convertido a la inmigración en el chivo expiatorio. Eso sí: los inmigrantes a los que quieren negar la entrada y a los que acusan de criminales y, en el mejor de los casos, de parásitos que vienen en busca de prestaciones sociales, son los del sur, la gente humilde que llega por la frontera del río Grande, no los multimillonarios que arriban en avión a comprar propiedades de lujo en Miami y en Manhattan, y cuyas riquezas son en no pocos casos fortunas malhabidas. Esos no le importan a Trump, ni a su secretario de Justicia, Jeff Sessions, ni a los millones de racistas que apoyan y aplauden las políticas discriminatorias de la Casa Blanca. La norma de tolerancia cero –que despiadadamente ha separado en la frontera a miles de niños de sus padres inmigrantes– está dirigida contra los pobres.
El poema El nuevo coloso, de Emma Lazarus, grabado en una placa de bronce colocada en la Estatua de la Libertad, ha sido desde fines del siglo XIX un símbolo de la nación generosa que abre sus puertas a los angustiados y los perseguidos: “Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad”, pide el poema.
Pero la actitud antiinmigrante de Trump y los suyos contradice el mensaje solidario de Lazarus y echa por tierra la arraigada imagen de los Estados Unidos como un faro de esperanza. Trump y sus seguidores quieren convertir a la nación en otro país, irreconocible y egoísta, y solo les falta quitar la placa de la Estatua de la Libertad
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miércoles, 25 de julio de 2018

Apresado grupo terrorista en Nicaragua. ¿O serán manifestantes pacíficos?

Andrés Hernández Alende

Un grupo de delincuentes que tenían secuestrados a los pobladores de la ciudad de Jinotega fueron arrestados por la policía. Cuidado: algunos de esos criminales que mantenían a la población bajo un estado de terror aún siguen sueltos. Si fuera en los Estados Unidos, la policía alertaría que se trata de criminales armados y peligrosos. Pero para la prensa norteamericana, a lo mejor son “manifestantes pacíficos”. LOL.
Ahora bien, ¿qué pensaría usted si un grupo de individuos, violentos y armados, bloquea la calle donde usted vive con barreras de adoquines, impidiéndole ir al trabajo, a la escuela, al mercado, al médico? ¿Qué pensaría usted de esa gente atrincherada en barricadas, que suprimen la libre circulación de las personas y cometen fechorías y crímenes, extorsionan a los comerciantes, agreden a los transeúntes, atacan familias en sus casas, violan mujeres, matan a policías e integrantes del partido de gobierno? ¿Usted los llamaría luchadores por la libertad y la democracia?
Vea este video de un grupo de estos sujetos aprehendidos en la ciudad de Jinotega, donde cometieron toda clase de crímenes y atropellos.
Manifestantes pacíficos los llamaría buena parte de la prensa internacional. Pacíficos, sí, cómo no. Me río a carcajadas.
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viernes, 20 de julio de 2018

Yeni; el triunfo de una madre inmigrante

La inmigrante guatemalteca Yeni González
se reunió por fin con sus hijos, después de
haber sido separados en la frontera.
Andrés Hernández Alende

Yeni Maricela González García, la madre guatemalteca que cruzó los Estados Unidos en automóvil, en un largo viaje desde Arizona hasta Nueva York, para ver a sus hijos retenidos, recuperó la custodia de los niños el 13 de julio.
El 21 de mayo, Yeni fue arrestada junto con sus tres hijos tras cruzar la frontera ilegalmente, en busca de asilo. Venía huyendo de la violencia de las pandillas en Guatemala, donde los delincuentes querían reclutar a su hijo mayor, de solo 11 años.
Yeni quedó arrestada en Arizona, mientras las autoridades le quitaban a sus hijos y los enviaban al Centro Cayuga, en Nueva York, bajo la política de tolerancia cero con la inmigración que el presidente Trump implementó. Más tarde, ante el clamor de las protestas, el mandatario suspendió las separaciones y ordenó arrestar a las familias juntas. Pero ya más de dos mil niños habían sido separados de sus padres.
Cuando varias personas en Nueva York se enteraron de la historia de Yeni, formaron un grupo, Immigrant Families Together (Familias Inmigrantes Juntas) para ayudar a la madre guatemalteca. Hicieron un crowdfunding, una colecta en Internet, con la que recaudaron los $7.500 necesarios para pagar la fianza, y organizaron una red de voluntarios para llevar a Yeni desde Arizona hasta Nueva York en automóvil, en un viaje de más de 2.000 millas. Por fin, el 3 de julio, Yeni pudo ver a sus hijos. Y el 13 de julio, gracias al tesón y al amor de esta madre guatemalteca y a la solidaridad de muchas personas que la apoyaron, Yeni recibió la custodia de sus hijos. La familia se marchó a Carolina del Norte, donde tienen parientes.
Bien por ellos, bien por los voluntarios que los ayudaron, bien por Janey Pearl Starks, que llevó a Yeni las primeras 400 millas del viaje desde Arizona, y después tomó un avión para estar a su lado en Nueva York, donde la acompañó a ver a sus hijos y le sirvió de traductora, bien por la gente de la grandiosa ciudad de Nueva York que les dio su apoyo, bien por el abogado de oficio José Xavier Orochena, que la representó en la batalla legal, bien por el gobernador del estado, Andrew Cuomo, que la respaldó para que se reuniera con sus hijos.
“Estoy en deuda eterna con el gobernador Cuomo por reunirme con mis hijos y poner fin a esta pesadilla para mi familia”, dijo Yeni.
Su valentía y perseverancia ante la cruel política del gobierno federal es una inspiración para todos nosotros –dijo Cuomo–. En Nueva York nunca dejaremos de pelear por el derecho de las familias inmigrantes”.
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martes, 17 de julio de 2018

La conquista de Monimbó

El policía Gabriel Vado Ruiz
fue torturado, asesinado y
quemado por vándalos en
el pueblo de Monimbó.
Andrés Hernández Alende

La policía nicaragüense tomó este martes 17 de julio el bastión de los revoltosos en Monimbó que tenían secuestrada a la población de ese lugar histórico, cuna de la revolución contra el dictador Anastasio Somoza.
Los vándalos, armados y parapetados en barricadas levantadas con adoquines arrancados de las calles, habían asesinado el lunes a un joven policía de 23 años, Gabriel Vado Ruiz, quien había salido de pase y se dirigía a Jinotepe para reunirse con su familia. Nunca llegó a su casa.
Los salvajes disfrazados de luchadores por la democracia torturaron cobardemente al joven policía, lo mataron y quemaron su cadáver junto a una barricada.
Esa fue la gota que colmó la copa. El martes, policías fuertemente armados entraron en Monimbó. Se produjo una batalla que duró varias horas, en la cual hubo muertos de ambos bandos. En el combate cayó otro joven policía, Kelvin Javier Rivera Laínez, cuando trataba de ayudar a compañeros heridos. Al final de la jornada, la policía conquistó el bastión de los vándalos e izó la bandera del Frente Sandinista en el Tecnológico Industrial Cmdte. Camilo Ortega Saavedra, el local que los delincuentes usaban como puesto de mando y cuarto de torturas, según informó la policía.
Lamentablemente, los grandes medios corporativos han creado una lírica en la cual los mercenarios y pandilleros contratados por la derecha nicaragüense son luchadores por la libertad, y el presidente Daniel Ortega es un monstruoso asesino de su propio pueblo. El mismo mandatario que cedió terreno para abrir el país a la inversión privada y que logró que Nicaragua fuera uno de los países más seguros del hemisferio y con uno de los mejores índices de crecimiento económico en el continente, de pronto se ha transformado –en la visión de los inspirados comentaristas de los medios– en un ogro hambriento de carne humana.
No importa; allá ellos con sus mentiras y sus cuentos de ficción política. Lo cierto es que los pandilleros fueron atacados en su guarida, y que hoy la población de Masaya, la Ciudad de las Flores, puede respirar con tranquilidad tras haber estado secuestrada por estos asesinos que han violado mujeres y asesinado y quemado en la vía pública a seres humanos.
Esperemos que los agitadores renuncien a la violencia, que los golpistas se tranquilicen y que la paz vuelva a imperar en la entrañable Nicaragua.
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domingo, 8 de julio de 2018

Yeni; la odisea de una madre inmigrante

Andrés Hernández Alende

La inmigrante Yeni González (centro) se dirige a
ver a sus hijos en Nueva York, acompañada
por la voluntaria Janey Pearl Sparks y el
representante demócrata Adriano Espaillat.
Una inmigrante guatemalteca protagonizó un episodio conmovedor en la enorme tragedia humana de la frontera del río Grande. Un drama que ha puesto de relieve la humanidad frente a la crueldad, la solidaridad frente al racismo.
El 21 de mayo, Yeni Maricela González García fue arrestada junto con sus tres hijos tras cruzar la frontera ilegalmente, en busca de asilo. Venía huyendo de la violencia de las pandillas en Guatemala, donde los delincuentes querían reclutar a su hijo mayor, de solo 11 años.
Yeni quedó arrestada en Arizona, mientras las autoridades le quitaban a sus hijos y los enviaban al Centro Cayuga, en Nueva York, bajo la política de tolerancia cero con la inmigración que el presidente Trump implementó. Más tarde, ante el clamor de las protestas, el mandatario suspendió las separaciones y ordenó arrestar a las familias juntas. Pero cientos de niños quedaron separados de sus padres. Estas separaciones de familias han revelado los males que la política de Trump saca a flote: el racismo, la crueldad, la insolidaridad con los necesitados.
Pero muchos norteamericanos que no comparten esa actitud inhumana ponen en alto el nombre de la nación. Cuando varias personas en Nueva York se enteraron de la historia de Yeni, decidieron que había que hacer algo. Inmediatamente se formó un grupo, Immigrant Families Together (Familias Inmigrantes Juntas) para ayudar a la madre guatemalteca. Hicieron un crowdfunding, una colecta en Internet, con la que recaudaron los $7.500 necesarios para pagar la fianza, y organizaron una red de voluntarios para llevar a Yeni desde Arizona hasta Nueva York en automóvil, en un viaje de más de 2.000 millas. En el esfuerzo participaron nueve conductores que transportaron a Yeni en distintas etapas de la travesía y un total de 20 personas. Varias familias le dieron albergue en el camino hacia Nueva York. Por fin, el 3 de julio, Yeni pudo reunirse con sus hijos. Las autoridades no los soltaron para que se fueran con ella, pero familiares de Yeni que viven en Carolina del Norte van a reclamarlos para que los dejen libres.
Meghan Finn, del grupo Immigrants Families Together, que ayudó a Yeni en su odisea para reunirse con sus hijos, expresó que hay suficientes norteamericanos que se preocupan y que “debemos ser capaces de arreglar esto, y lo vamos a arreglar”.
El congresista Adriano Espaillat, demócrata por Nueva York, que acompañó a Yeni a ver a sus hijos, dijo: “El trabajo que ella hizo para conectar vehículos a vehículos y traerla aquí a la ciudad de Nueva York sin sufrir daño está en la gran tradición del Ferrocarril Subterráneo”. El Ferrocarril Subterráneo (Underground Railroad en inglés) fue la red clandestina organizada en el siglo XIX en los Estados Unidos para ayudar a los esclavos a escapar a los estados donde no había esclavitud o a Canadá, que había abolido la servidumbre forzada.
“Ha sido lo más triste que me ha pasado en la vida –dijo Yeni en Nueva York, después de ver a sus hijos–, que me separaran de mis niños el 21 de mayo. Desde ese tiempo ya no los había visto”.
Con lágrimas en los ojos, en el acto de apoyo organizado después que vio a sus hijos, Yeni habló del sufrimiento en la cárcel de Eloy, Arizona, donde otras 400 personas compartieron sus tristezas, abrazó a varios niños y agradeció a los voluntarios todo el apoyo que le han prestado. Janey Pearl Starks, que llevó a Yeni las primeras 400 millas del viaje desde Arizona, tomó después un avión para estar a su lado en Nueva York, acompañándola a ver a sus hijos y traduciendo sus palabras al inglés en el acto público de bienvenida.
Meghan Finn comentó: “He tenido la oportunidad en los últimos cuatro días de ver lo mejor de la humanidad en mi país… Este es un momento de acción”.
El grupo sigue recaudando fondos y organizando acciones para sacar a más madres inmigrantes de la cárcel y reunirlas con sus hijos. Estos voluntarios representan lo mejor de los Estados Unidos, la tradición de solidaridad con el que sufre y necesita un refugio, grabada en bronce en la Estatua de la Libertad.
Vea aquí el video de la llegada de Yeni a Nueva York y sus emotivas palabras, así como las de los voluntarios que la apoyaron. Sus acciones generosas son un orgullo para la nación norteamericana.
Al momento de escribir este artículo, Immigrant Families Together ya ha recaudado fondos para ayudar a otras dos madres inmigrantes detenidas, Amalia y Olga. Los hijos de Yeni todavía siguen retenidos. Esperemos y deseamos que pronto puedan estar reunidos definitivamente, ellos y todos los niños inmigrantes con sus padres.
Twitter: @Alende5